24 diciembre 2010

Santiago de Chile


El viaje desde Valparaiso a Santiago en bus (3000 pesos chilenos) fue corto, y me quedé medio dormido. Al llegar a la tarminal de bus de Santiago me sentí un poco agobiado, ya que está en una zona comercial, y con la Navidad tan cerca era un hervidero de gente. Es muy gracioso ir con Lorenzo entre tanta gente, porque parece un gigante del que es imposible perderse.
Guardias en Santiago
Guardias chilenos
Llegamos caminando hasta el albergue en unos 45 minutos, cansados por el calor y la multitud. Nos dejamos aconsejar por otros viajeros que ya habían estado en la capital chilena, y fue todo un acierto. Nos alojamos en "La Casa Roja", una antigua mansion restaurada de forma impecable, y muy bien equipada, con piscina incluida en un espacioso patio. El único pero es que es muy grande, y hay gente que viene de fiesta a ka capital, y es ruidosa y se acuesta muy tarde, pero para eso estan los tapones mágicos, que están siendo mi gran aliado, jeje.
Palacio barroco
Palacio barroco en Santiago
El primer día fuimos a pos unas pizzas y yo me quedé toda la tarde tranquilo en el albergue, poniéndome al día con mis cosas y descansando un poco, que lo necesitaba. Por la noche fuimos a tomar unos pisco-sours con Román, un chico francés que está viajando solo también. Al final está ocurriendo lo que imaginaba. Recuerdo que antes de venir alguna gente me preguntaba si no me daba miedo ir solo, o si sería muy triste o aburrido. La realidad es que hay miles de personas solas, y otras a las que les despiertas curiosidad, o pena, o vete a saber el qué, pero siempre se acerca alguien a hablarte.
Arquitectura con los Andes al fondo
Rascacielos con los Andes de fondo
Al día siguiente, domingo, la ciudad estaba mucho más tranquila, y fui con Lorenzo a visitar los lugares más interesantes. Después de caminar media hora por las calles vacías me sentí muy cómodo y sorprendido en esta enorme ciudad. Santiago es muy moderna, limpia, con edificios coloniales bien corservados (la mayoría, pero hay algunos muy afectados por el último terremoto) que se mezclan con rascacielos acristalados enormes. Es una mezcla un poco extraña, pero que causa una buena impresión.
Catedral de Santiago de Chile
Catedral de Santiago
Visitamos el Museo de Arte Precolombino, pequeño pero muy recomendable, con una excelente colección que repasa todas las culturas americanas anteriores a 1492. Al salir visitamos la Plaza de Armas, domde me sentí un poco confuso, con un enorme árbol de Navidad y niños bañándose en la fuente central para refrescarse. Por allí también había un hombre vestido de Papá Noel... pobrecico, con la que estaba cayendo.

Museo de Arte Precolombino
Museo de Arte Precolombino de Santiago

Más tarde subimos en un funicular construido hace más de 70 años para llegar a la cima del cerro de San Cristobal, donde no hay un monumento franquista como en Valladolid, sino un santuario y una estatua enorme de la Virgen. Desde allí se divisa la inmensa capital de Chile, que casi se pierde en el horizonte. Hacía muchísimo calor, eran las 14:00, así que bajamos a comer al barrio de Bellavista, el más animado de la ciudad, con muchos restaurantes y bares, y también repleto de artesanos, estudiantes y turistas. Allí compré algunas artesanías y recuerdos, algunos fabricados con minerales de las minas de Copiapó, hoy famosas por los 33 mineros rescatados recientemente.
Virgen del cerro de San Cristobal
Virgen del cerro de San Cristobal
Después de una buena paliza caminando llegamos al albergue y fuimos de cabeza a la piscina. Se me hace raro estar pasando este calor en el mes de diciembre, y hablar con mi gente a -8º.

Nos despedimos de Santiago con un buen vino chileno para dormir bien, y a la mañana siguiente tomamos un bus hacia Mendoza (14.000 pesos chilenos), que esta vez fue algo más rápido. En la terminal de Mendoza llegó el momento de despedirme de Lorenzo, ahora un buen amigo con el que estoy seguro que volveré a coincidir más adelante. Él se fue hacia Catamarca y yo hacia San Juan, pero eso lo contaré dentro de poco en la próxima entrada.
Vistas desde el cerro de San Cristobal
Vista de Sanatiago desde lo alto

18 diciembre 2010

Valparaíso y el pueblo pesquero de Horcón

El viaje entre Mendoza y Valparaiso fue más largo de lo previsto, porque en la aduana para entrar a Chile había problemas por paro de los funcionarios (estos días en Chile hay muchas huelgas y protestas de los trabajadores estatales para obtener mejoras). El primer tramo entre Mendoza y la frontera ya lo conocía por la excursion que hice días antes. Un tunel de unos 4 kilómetros separa ambos paises, y al llegar a la aduana chilena es donde sellan el pasaporte y hacen los controles en busca de frutas, verduras, semillas o alimentos de origen animal. Las multas pueden ser importantes, así que conviene no olvidar nada en la mochila. Una chica por olvidar una manzana en el fondo de su mochila, tuvo que pagar 250 dólares...
El Caracol
El caracol, bajando de los Andes

El tramo más espectacular hacia Valparaiso es el que hay para bajar desde el tunel. Hay unos kilómetros de curvas continuas en forma de S muy pronunciadas. Los chilenos lo llaman "El caracol", y como se puede ver en la foto, es alucinante. Es desnivel es alto, y el tránsito de camiones creo que lo hace todavía más impactante.


Antes de llegar a Valparaíso pasamos por Viña del Mar, un lugar muy turístico (tipo Benidorm) repleto de gente, centros comerciales, coches caros y apartamentos y hoteles. No estaba especialmente interesado en conocerlo, pero al verlo desde el bus, y más tarde hablar con otros viajeros, decidí no pisar por ahí.
Mercurio
Arquitectura en Valparaiso

Valparaíso, en cambio, me dió muy buena impresión desde el primer momento. De hecho, es una ciudad Patrimonio de la Humanidad, que ya garantiza que la visita merece la pena. Este viaje lo he hecho con mi amigo italiano: Lorenzo "Il capo". Juntos tomamos un taxi hasta un albergue que tenia muy buena pinta (según la guía de Lorenzo). Estaba bien situado, en un cerro, cerca del puerto y la zona antigua.
Vista de Valparaiso
Vista hacia la parte de Viña del Mar

La ciudad es muy bonita, esta situada a orillas del Océano Pacífico, en una bahía sobre una zona que sube por los cerros. Sus calles son muy irregulares y curvas, al contrario que en el resto de las ciudades americanas. Además hay continuas subidas y bajadas con muchísima pendiente en algunos tramos, y las casas están pintadas de colores muy alegres. A todo esto hay que añadir que la ciudad rebosa arte callejero, con mucho graffitti, pintores, músicos... Me recuerda mucho, tanto en su aspecto como en su ambiente, al barrio alto de Lisboa.

Graffiti en Valparaiso
Graffitti
Graffiti
Arte callejero en Valparaiso


El miércoles estabamos cansados, así que no nos complicamos mucho, y dimos un pequeño paseo cerca del albergue, y fuimos a cenar a un restaurante muy bonito. Al día siguiente, el jueves, fuimos a conocer la ciudad. Caminamos hacia arriba para tomar la Avenida Alemania, que permite contemplar la ciudad y la bahía desde lo alto, y lleva hacia "La Sebastiana", la casa que Pablo Neruda tenía en Valparaíso. Visitamos esta casa, y al salir contemplamos la escena más desagradable en lo que llevo de viaje. Regresamos a la avenida Alemania, e ibamos muy cerca de una pareja muy joven de holandeses. Nos dimos cuenta de que no queríamos ir por allí, así que regresamos hacia "La Sebastiana", y cuando tan solo nos alejamos 100 metros de los holandeses, escuchamos gritos y vimos mucho movimiento. Cinco chavales de unos 14 ó 15 años habían tirado al suelo a la chica holandesa, y agarraban la camara que llevaba al cuello, arrastrándola por el suelo, hasta que consiguieron quitársela y salieron corriendo cerro arriba.
Vista de Valparaiso sur
Valparaiso desde La Sebastiana, la casa de Neruda.

Fue acojonante, la verdad. Nos acercamos a ayudar a la chica, y un chileno muy amable que iba en el coche con su familia ya habia parado. Hablamos un rato, tranquilizamos a la chica, y hablamos con la policia, que, me dió la impresión, no se llevo muy mal rato. Pero bueno, es desagradable, es habitual, pero no quiero llevarme este recuerdo de Valparaíso. Además, el resto de personas que he encontrado han sido muy amables, y con eso me quedo.
Plaza Echaurren
Plaza Echaurren

Continuamos nuestro camino (algo acojonados, eso si), y visitamos un museo al cielo abierto, y las plazas más importantes de la ciudad, la zona del puerto y la parte antigua, donde parece que hay mayor vigilancia y seguridad. Por la noche nos fuimos a cenar con un chico de Congo y su novia de Bélgica a un restaurante vegetariano muy bonito que había cerca del albergue, y luego nos quedamos viendo una actuación y tomando un pisco sour, una de las bebidas más típicas de Chile y de Perú (los dos paises se disputan de donde es el pisco original, y por lo poco que se sobre el tema, creo que es de Perú).
Puerto de Valparaiso
Puerto de Valparaiso

El día siguiente, viernes, tomamos un bus por la mañana para visitar un pequeño pueblo
de pescadores, muy tradicional, que me había recomendado un viajero español que me encontré en El Bolsón. Este tranquilo pueblito esta a unos 20 km. al norte de Valparaíso, y se llama Horcón. Por las mañanas las pequeñas barcas de pescadores llegan a una caleta de arena y rocas en donde no hay puerto ni muelle, así que unos caballos arrastran las embarcaciones por la playa hasta dejarlas en un lugar seguro, donde los pescadores descargan el pescado y arreglan las redes. Es un sitio muy pintoresco y especial. Parece que el turismo no ha llegado hasta Horcón, y el lugar sigue manteniendo una tradición de muchos años.
Pesca tradicional
Caballos sacando las barcas del mar, todo un espectaculo.


Pescadores en Horcon
Y la misma operacion para regresar al mar

Pasamos el día tranquilamente, entre ver el trabajo espectacular de los caballos en la caleta, y muy cerca de allí una formación rocosa en forma de arco que el mar ha ido erosionando. Preguntamos a una señora donde podíamos comer buen pescado fresco, y nos recomendó el mejor y más caro restaurante del pueblo, pero no era eso lo que buscábamos, así que nos dijo una pequeña tasca donde comen los pescadores. Eso si, señora.
Caleta de Horcon
Horcon

Por la tarde fuimos a una playa cercana muy tranquila a descansar un poco, y sobre las 20:00 regresamos a Valparaiso, a darnos una ducha y cenar. Como despedida de la ciudad, tomamos un pisco sour esta vez con un grupo de franceses y belgas en un bar muy curioso cerca del albergue.
Bahia de Valparaiso
Anochecer en el puerto de Valparaiso

Hoy, sábado, por la mañana hemos viajado a Santiago de Chile, la capital. No he tenido mucho tiempo de conocer la ciudad, pero solo el camino desde la estación de autobuses hasta el albergue, en el barrio de Brasil, me ha servido para ver que esto es enorme, que hay muchísima gente, mucho calor estos días, y que estos suelen ser los lugares en los que no me detengo mucho, porque me agobio, así que creo que estaré aquí uno o dos días, y regresaré a Mendoza para continuar mi viaje, y hacer un poco de deporte en la montaña antes de la Navidad.
Caleta de Horcon

15 diciembre 2010

Mendoza y el Cerro Aconcagua

El día que me fuí de San Martín de los Andes el sol salió tímidamente. Me dió pena irme, pero lo asumí, sin más. El viaje fue tranquilo, un poco largo y pesado, con lluvia, viento, nieve y granizo en el primer tramo. El segundo tramo, desde Esquel hasta Mendoza, fue por la noche, e intenté dormir.
Mendoza y sus árboles
Vista de Mendoza desde el cerro de la Gloria
Llegué a Mendoza tras 20 horas de autobus, a las 7:30 de la mañana, algo cansado, con un ligero dolor de cabeza, y con el cielo nublado y triste... Busqué un albergue muy céntrico, las calles estaban casi vacías, con algunos chavales que volvían a casa después de una noche de fiesta... era domingo por la mañana. Después de instalarme y descansar, salí a conocer la ciudad. El día estaba fresco, pero salió el sol, y la ciudad me dió muy buena impresión desde el primer momento. Pude pasear por las calles casi vacias, pues los domingos creo que los mendocinos se van a pasar el día fuera, a un lago o un lugar tranquilo donde relajarse.
Acequias de Mendoza
Acequias y árboles en las calles
Mendoza es una ciudad muy particular y especial. Esta a pocos kilómetros de la Cordillera de los Andes, donde se encuentra el pico más alto de toda América: el cerro Aconcagua (6962 metros). La ciudad se ecuentra en una zona completamente desértica. De hecho, es una ciudad "artificial". Fue construida en el desierto, y en todas sus calles hay una acequia en cada acera. Por ahí corre el agua que riega los árboles, que son grandes y dan mucha sombra. Sin esto, la ciudad sería un infierno. La temperatura es muy alta, las precipitaciones son muy escasas (entre 200 y 300 mm al año). Pero con agua y árboles, la ciudad es un verdadero oasis, con calles verdes y limpias, bonitas zonas de jardines, y una buena organización del centro a través de 5 plazas. La central y más grande es la Plaza Independencia, de enormes dimensiones, con una bonita fuente, y siempre llena de gente.
Plaza España, Mendoza
Plaza España, como estar en casa...
Hay una preciosa plaza de España, decorada con cerámica andaluza, muy del estilo de la plaza España de Sevilla, pero mucho más pequeña. Es un lugar muy agradable, con una fuente y mucha vegetación. Además hay un monumento dedicado al hermanamiento entre Argentina y España. Mendoza en general, esta lleno de rincones agradables donde poder sentarse a descansar. Además, muy cerca de la ciudad hay lugares muy interesantes donde practicar deportes y actividades de aventura. Es un lugar donde poder quedarse 10 ó 15 días, sin tener ninguno de aburrimiento.

Plaza de la Independencia, Mendoza
Fuente de la plaza Independencia

El domingo solo me dediqué a pasear y a familiarizarme con la ciudad. Para el lunes contraté un tour para visitar los lugares más emblemáticos de la zona de la cordillera. Seguí la ruta que en 1817 siguió el ejército de los Andes, comandado por el general San Martín, para liberar Chile. Es una zona fronteriza, con unas formaciones montañosas impresionantes, escenario de la película "Siete años en el Tibet", protagonizada por Brad Pitt en 1997. 

Cerro de colores
Cerros de colores, de camino a la frontera

Desde Mendoza viajé en una furgoneta con un grupo reducido de gente, donde me hice muy amigo de Gustavo, un chico brasileño muy simpático que viaja junto a su hermana. Hablamos mucho, y me ha ofrecido ayuda para viajar hasta Manaos por el Amazonas, uno de mis "sueños imposibles".

La primera parada fue Potrerillos, donde recientemente se ha construido un embalse para gestionar mejor el agua que baja de los Andes hacia Mendoza. Es además un lugar en el que relajarse, muy cerca de la ciudad, y donde están comenzando a construirse casas, cabañas y complejos vacacionales.
Potrerillos
Embalse de Potrerillos (haciendo experimentos con el sol)
Desde allí fuimos al puente de Picheuta, un lugar importante en el trayecto que hizo el Ejercito de los Andes de camino a Chile. Fua construido por españoles, pero utilizado por el ejercito liberador de San Martín, considerado un verdadero ídolo y héroe en la ciudad de Mendoza.
Puente de Picheuta
Puente de Picheuta
Uno de los lugares que más me impresionó fue el Puente del Inca, una formación natural, donde brotan aguas termales cargadas de sedimentos que se van quedando en las rocas, dando un color amarillo intenso muy particular, y cayendo abajo hacia las aguas del río Mendoza. Hace décadas se construyó en este lugar un complejo turístico, pero una avalacha de nieve y piedras lo destruyó por completo (se pueden ver las ruinas aún). Casualmente solo quedó en pie la iglesia, y para que quieres más... supongo que será un milagro. Pero al margen de estas anécdotas, me gustó mucho el lugar, y también hablar con unos hombres argentinos de los que, en pocos minutos, siento que aprendí muchas cosas.
Puente del Inca
Puente del Inca
La siguiente parada, y la más esperada por mí, era el mirador de Horcones, el lugar desde donde puede verse la cumbre del cerro Aconcagua (del quechua, "centinela de piedra") el techo de América. El día estaba completamente despejado y hacía calor. Las vistas son impresionantes, con una mole enorme de piedra y hielo. Casualmente, en la habitación del albergue he conocido a unos andinistas de Perú, muy buena gente y grandes montañeros, que regresan de intentar hacer cumbre. He tenido la suerte de hablar con ellos y escuchar sus aventuras, y es increible lo que hacen estos deportistas. Se juegan la vida, se pagan todo el equipo y el viaje, alquiler de mulas para portear material, etc... ¡y luego los futbolistas son héroes! Así que allí, contemplando el cerro Aconcagua, la cabeza se me iba a esos montañeros que están allá arriba, jugándose el pellejo por cumplir un sueño, como mis compañeros de habitación, que tuvieron que bajar desde los 6.300 metros sin hacer cumbre, porque el frío y el viento les hacía tener los primeros síntomas de congelaciones. Casualmente, a los dos días de bajar, el clima mejoró, pero ellos ya estaban abajo. Una pena.
Cumbre del Aconcagua
Cumbre del Aconcagua


El día no dió para mucho más. Fue muy intenso, comimos a 3000 metros en el único restaurante de la zona, con vino de Mendoza, por supuesto. Visitamos la frontera, donde hay un tunel que conecta Argentina con Chile, por donde pasan diariamente 1000 camiones. En invierno, con la nieve, puede convertirse en un caos, llegando a acumularse 5000 ó 6000 camiones en la carretera.

Pico Aconcagua
Cerro Aconcagua desde Horcones
Decir que los paisajes de esta zona son impresionantemente grandes, donde estos camiones parecen verdaderos juguetes en manos de las montañas, donde los colores se confunden en los cerros, con tonos marrones, rojizos, verdosos, amarillos... casi la paleta de un pintor. Esta zona es muy rica en minerales diversos, de donde se extrae el 65% de la producción nacional. Por suerte, la zona del cerro Aconcagua, está protegida como Parque Nacional... pero creo que en otros lugares las compañías mineras están haciendo "de las suyas".
Los Penitentes
Los Penitentes
Hoy martes, he estado paseando por la ciudad, y haciendo planes para los próximos días. Por la mañana fui con un nuevo amigo italiano a la Municipalidad de Mendoza. Desde su azotea, de 8 pisos de altura, hay muy buenas vistas de la ciudad y de la cordillera. Además un guía te explica algunas características de la ciudad, del urbanismo, y también de las montañas. Desde allí fuimos hasta el Parque de San Martín (aquí hay parque, avenida, plaza... todo con el nombre del general). Este parque es enorme, y caminar por él te puede llevar un día entero. Dentro del parque esta el campus universitario y los complejos deportivos de Mendoza. Hay un lago artificial, el campo de futbol Islas Malvinas, donde juega el Godoy Cruz, un velódromo (qué recuerdos...) y el cerro de la Gloria, donde, como no podía ser de otra manera, hay un monumento en honor al General San Martín. 
Monumento al Ejército de los Andes
Al ejército de los Andes
Ha sido un día de muchísimo calor, así que el resto de la tarde, después de una merecida ducha, he estado descansando e hidratándome. Sobre mi nuevo amigo italiano, Lorenzo, tengo que decir que es un gran tipo. Lo digo porque mide dos metros, así que además de un amigo, también tengo guardaespaldas, jeje. El caso es que también es mi compañero de habitación, y junto con los peruanos, hemos hecho una buena amistad. Lorenzo está viajando durante 10 meses por Sudamérica, y su próximo destino es Valparaiso, como el mío. Así que viajamos juntos mañana a las 9, con 7 horas de trayecto, si los trámites en la frontera son normales. El resto de mis planes no los se muy bien. Voy improvisando, escuchando y aprendiendo de otros viajeros, y la verdad que, esta sensación de poder variar tus planes, o no saber lo que voy a hacer dentro de dos días, me hace sentir verdaderamente libre, poder elegir, poder equivocarme, porque tengo tiempo para corregir o rectificar, y en definitiva, me hace sentir un auténtico viajero.

Mendoza de noche
Plaza Independencia por la noche


10 diciembre 2010

Imprevistos

Estoy en San Martín de los Andes, y esta mañana he tenido que tomar decisiones. Me he estado informando sobre la previsión meteorológica para los próximos días, y es realmente mala. No puedo quedarme durante días en el albergue esperando a que no llueva, así que he decidido, con toda la pena del mundo, irme a otro lugar.

Y no ha sido facil tampoco, porque había decidido seguir los consejos de muchos viajeros, y cruzar a Pucón (Chile). Allí podía disfrutar del volcán Villarica y muy buenas vistas. Incluso tenía pensado ascender a la cima, porque dicen que es asequible. Pero las previsiones en Pucón son incluso peores que las de aquí: lluvia, frio y nieve.

Así que la decisión que he tomado es la de seguir la ruta que tracé antes de venir, y viajar a Mendoza en busca del buen tiempo. Es un viaje largo, 20 horas de bus. Me voy un poco triste, porque había puesto mucha ilusión en venir a San Martín, pero el tiempo se había portado bien hasta el momento, y algún día tenía que cambiar.

Salgo mañana a las 12:00 y llego a Mendoza al día siguiente a las 7:30. Voy en un bus en asiento semicama por 360 pesos. Creo que va a ser un viaje bastante cómodo.

08 diciembre 2010

Bariloche y el P.N. Nahuel Huapi

Llegué a Bariloche con la idea de encontrarme una ciudad muy turística, en la que no me iba a sentir cómodo. A veces los humanos cometemos el error de juzgar un lugar o una persona sin haberlo conocido previamente. Y justo eso es lo que yo hice.

San Bernardo
San Bernardo, preparado para el rescate.
Era el día de mi cumpleaños, y me impuse una agenda apretada para así no tener mucho tiempo para pensar en lo triste que es una celebración en solitario, lejos de tu gente, y todas esas cosas que pudieran hacerme daño. En el fondo soy un afortunado por estar haciendo este viaje, y no quiero que un día, por especial que pueda ser, estropease las buenas sensaciones.

Dicho esto, aproveche el día en Bariloche paseando, dejándome aconsejar por otros viajeros y por los dueños del albergue, comiendo bien, y visitando el Cerro Campanario. Varias veces he tenido la sensación de repetirme en el uso de adjetivos para definir lugares: "maravilloso", "impresionante", "espectacular", o también "es el sitio más bonito en el que he estado jamás". Cosas de ese tipo. Bueno, pues las vistas desde el Cerro Campanario me dejaron boquiabierto, con los ojos como platos y sin palabras. Es acojonante, ya está. Mira que he visto sitios bellos en el último mes, pero es que en este mirador sentí por primera vez en mi vida que tenía que dar un aplauso a la madre naturaleza. Además, subí a pie, que parece que el esfuerzo hace que sepa mejor (se puede subir en aerosilla).
Vistas desde Cerro Campanario
Vista desde Cerro Campanario (la foto no hace justicia)
Desde arriba se confunden diferentes brazos de agua del mayor lago, el Nahuel Huapi, con otros lagos más pequeños, penínsulas, islas, montañas, nieve, hielo, arcoiris... en fin, indescriptible con palabras, y dificil de plasmar en fotografía. Es una visita obligada y muy cerca de Bariloche.

Lago Nahuel Huapi y arcoiris
Lago Nahuel Huapi desde Cerro Campanario
Después de esta tremenda satisfacción, regresé a la ciudad, donde cené tranquilamente, y despedí el día de mi 32 cumpleaños tomando un wiscola en un pequeño pub cercano al albergue. La ciudad es segura, y se puede trasnochar sin peligro.

Bahía Lopez
Bahía Lopez, durante el Circuito Chico.
El día siguiente, martes, tampoco fue muy tranquilo. Alquilé una bici por 70 pesos para hacer el Circuito Chico, que consiste en recorrer 25 km. por los lugares que el día anterior contemplé desde lo alto del mirador. Tengo que decir que recordar mis años mozos de ciclista me resultó un poco duro. A pesar de ser un tramo corto, las piernas sufren, con continuas bajadas y subidas que no te permiten mantener un ritmo. Eso unido a que, cada poco tiempo, se divisan paisajes tan espectaculares que te ves obligado a parar ante tanta belleza. Y de eso se trata, de tomarlo con calma y disfrutarlo.

Lago Nahuel Huapi
Vistas haciendo el Circuito Chico.
La zona más bonita del circuito es la que se encuentra a partir  del lujoso hotel Llao Llao, uno de los más caros del país. A partir de ahí hay brazos de agua y playas donde hacer una pausa y sentarse a contemplar el espectáculo natural.

Hotel Llao Llao
Hotel Llao Llao, en un lugar dificil de imaginar...
Terminé el circuito muy satisfecho, aunque algo cansado por los tramos de subida, en los que me retorcía sobre la bicicleta al más puro estilo Fernando Escartín, uno de mis ídolos ciclistas, entre otros muchos.


La tarde la pasé en Bariloche paseando y descansando. Es una ciudad que me ha sorprendido muy gratamente. Esta en un lugar muy bello, cerca de maravillas naturales de primer nivel, a la orilla del lago Nahuel Huapi, y rodeada de montañas. Es una ciudad para venir. Además, tiene unas tiendas y fábricas de chocolate donde hasta el menos goloso tiene la tentación de pegarse un atracón.

Y para completar las buenas sensaciones, he tenido la suerte de alojarme en el mejor albergue de los que he pisado hasta ahora. Nunca hablo de estos temas, pero esta vez es necesario, pues es lo más parecido a estar en casa: El Gaucho, con un ambiente tranquilo, un trato humano excepcional, limpio y bien situado... ¡y encima es barato! Que conste que no me llevo comisión por hablar de este lugar, solo creo que he tenido suerte de acabar aquí.
Lago Gutierrez
Lago Gutierrez
Hoy por la mañana compré algo de comida y una lata de Quilmes, la cerveza que más se bebe en Argentina, y tomé un bus hasta el lago Gutierrez. Hice una pequeña ruta paseando, primero por la orilla del lago, luego subiendo unos 500 metros hasta la cascada de los Duendes, y más tarde ascendiendo hasta un mirador desde donde hay muy buenas vistas panorámicas de la zona. Me ha gustado mucho, porque es un lugar muy tranquilo, con poca gente, y carteles con buena información y muy educativos.

Cascada de los Duendes
Cascada de los Duendes (aunque no se ve ninguno)
De regreso a Bariloche, y ya como despedida, he dado un paseo por el centro y la calle comercial, donde se encuentran las mejores tiendas de chocolates, y donde me he permitido algún capricho. Me gustaría llevar algo a España, pero me es imposible, así que, al menos, me lo llevo puesto, jejeje.


Mañana si me da tiempo, me gustaría visitar el museo sobre Patagonia que hay aquí, pues hoy estaba cerrado por ser festivo. Tengo billete para salir hacia San Martín de los Andes a las 11:30, asi que no se si va a ser posible. Al menos espero que haga buen día, pues he tomado una ruta más incómoda, montañosa y que dura más tiempo. Es conocida internacionalmente por su belleza: la Ruta de los Siete Lagos.
Lago Gutierrez desde lo alto
Mirador sobre el lago Gutierrez

06 diciembre 2010

El Bolsón

Abandoné Esquel en un bus (33 pesos) que, tras 4 horas de viaje soportando al tío más cerdo del mundo comiendo chicle, me dejó en El Bolsón, un pueblo grande pero tranquilo, donde muchos hippies de los años 70 vinieron en busca de un bonito lugar donde instalarse. Hay muchos artesanos, y un mercado muy bueno dos días a la semana. El sábado que llegué, tuve la suerte de poder disfrutarlo. Hay más de 200 puestos de artesanías, y hasta se puede comer allí mismo. Hay frutas recien traidas de la huerta, pues El Bolsón está en un valle fértil donde se cultivan frutas y verduras, y especialmente lúpulo, así que también hay una fábrica de cerveza artesanal que está muy buena.
Artesanías
Artesanos de El Bolsón
El primer día lo pasé en el mercado, aunque sin comprar. El hacer un viaje tan largo tiene estos inconvenientes. Ves cosas preciosas que te gustaría comprar, pero la mochila pesa mucho y ya va bastante cargada como para ir metiendo más cosas. Hay unos mates hechos con calabaza de forma artesanal que son preciosos, pero pienso que son delicados, así que lo dejaré para la última semana.

Valle del río Azul
Valle de El Bolsón

Por la tarde subí a Cerro Amigo, a solo 2 km. del centro del pueblo. Se llega en media hora, y las vistas de todo el valle son muy buenas. La suerte me sigue acompañando, pues el cielo sigue despejado, hace sol y muy buena temperatura. Allí arriba me quedé media hora disfrutando del paisaje y haciendo alguna foto, y bajé tranquilamente al albergue, donde había buen ambiente. Después de cenar me quedé con un grupo de israelís charlando y jugando a las cartas. Me enseñaron un juego típico de su país, y lo pasamos bastante bien, bebiendo un vino de Mendoza bueno, pero no tanto como el Ribera de Duero, jejeje.
Plaza Paano y Cerro Piltriquitron
Plaza Pagano y cerro Piltriquitron
El domingo por la mañana hice una ruta de unos 13 km. (i/v) hasta un mirador que llaman Cabeza del Indio, pues hay una formación de rocas que tiene ese aspecto. Antes de llegar, hay un mirador sobre el valle del río Azul que es precioso, con las montañas nevadas del sur, donde se ve el Lago Puelo, un parque nacional que hay a tan solo 18 km. de El Bolsón y que, a pesar de las recomendaciones, no he podido visitar. A veces es imposible ver todo, por el tiempo y por el dinero...
Cabeza del Indio
Cabeza del Indio
El regreso desde Cabeza del Indio hasta El Bolsón fue tranquilo y algo incómodo, pues es por un camino polvoriento por el que pasan algunos coches bastante rápido, así que llegué al albergue como un cromo, y me metí de cabeza a la ducha, y tuve que lavar la ropa. El resto del día lo pasé tranquilo. Hacía mucho calor, así que fuí a comerme un helado artesanal y a tomarme una buena cerveza de las que hacen en el pueblo.
Valle del río Azul
Valle del río Azul
Y hoy me levanté temprano para tomar un bus hacia Bariloche (23 pesos). Tras dos horas llegué a esta ciudad turística desde hace muchas décadas, a orillas del lago Nahuel Huapi, y en el Parque Nacional del mismo nombre. Es un lugar muy bonito con unas vistas espectaculares de las montañas que lo rodean. Tiene unas pistas de esquí que son de las más importantes de Sudamérica, así que es un lugar muy concurrido. En los próximos días voy a hacer unas excursiones por los alrededores. Creo que va a merecer la pena.

Hoy mismo haré una visita a un mirador que está a unos 18 km. para aprovechar el día despejado y disfrutar de unas de las mejores vistas que se pueden ver de la zona, según me han aconsejado. Además, he celebrado mi cumpleaños como buenamente he podido, con un buen bife de chorizo (chuletón) y un vino de Mendoza.
Puesta de sol mágica
Atardecer para recordar en El Bolsón

Relax
Relax en El Bolsón

04 diciembre 2010

Esquel y el Parque Nacional Los Alerces

En Esquel pasé unos días relajándome y descansando de la carretera. Es una ciudad muy tranquila de unos 40.000 habitantes. La gente vive sin el estres ni las prisas de una gran ciudad. No es un lugar especialmente bonito, y tampoco tiene muchas cosas que ver, pero me vino muy bien estar unos días sin hacer nada, disfrutando de la calma, de los alfajores artesanales (unos dulces deliciosos), y haciendo planes, como siempre.

Quizás lo más destacable de Esquel es el tren patagónico, conocido popularmente como "La Trochita". Es una linea de ferrocarril de vía estrecha, con maquinas a vapor, que ha sido utilizada para el transporte de personas hasta no hace mucho tiempo. Hoy en día es un atractivo turístico, y sale dos veces por semana a modo de paseo. Los vagones y las máquinas son originales de 1922, y se conserva en perfecto estado. Para los fanáticos del ferrocarril es una joya. La pena es que no pude ver las máquinas en funcionamiento.

El miércoles abandone Esquel para visitar el Parque Nacional Los Alerces, a unos 50 km. En la temporada que he venido yo, el transporte es escaso, y he tenido bastantes problemas con esto. De hecho, no he podido visitar las zonas más bellas del parque. Desde el miércoles que yo fui, no volvía a circular otro bus por el parque hasta el sábado, así que me fue imposible moverme a pie por un lugar de distancias grandes.

Lago Futalaufquen
Lago Futalaufquen

Aún así, solo puedo decir cosas buenas de este precioso parque. Es un lugar en el que el turismo es escaso. Todo es muy tranquilo, y ahora en primavera está lleno de flores y de pájaros. Además hay árboles de muchísimas especies que jamás había visto, y de dimensiones descomunales. Además hay un centro de información en Villa Futalaufquen, el único pueblito en el parque. Todo está muy bien organizado y gestionado, hay campings y zonas de acampada libre a orillas del Lago Futalaufquen. Yo me quedé en el camping Los Maitenes, algo caro (30 pesos/noche), pero con buenos servicios.

Camino a Futalaufquen
Carretera a Futalaufquen, al lado del camping

Desde allí el miércoles hice una pequeña ruta hasta Puerto Limonao por un sendero entre unos enormes árboles llamados cohiues ("lugar de agua" en lengua mapuche) que superan ampliamente los 30 metros de altura. La sensación de caminar en un bosque así te hace sentir muy pequeño, casi insignificante. Además el viento soplaba con fuerza y las ramas se movían violentamente. En el camino había millones de flores que en ocasiones tenía que ir apartando con las manos, sobre todo unas amarillas llamadas "topa topa".

En Puerto Limonao suele haber barcos en temporada alta, cuando salen excursiones hacia otras zonas del Parque Nacional. En esto tampoco tuve suerte, ya que no había excursiones previstas, ni desde allí, ni desde otro puerto más lejano. Todo mi gozo en un pozo, porque la zona en donde están los alerces milenarios solo es accesible a través de un viaje en barco. Así que vine a Los Alerces, pero no vi ninguno... me quedé a unos 50 km.

Puerto Limonao
Puerto Limonao

Por la tarde di un paseo por una zona de maitenes, unos árboles menos esbeltos, pero con una copa muy redonda que les hace muy bonitos. En esa zona, a unos 2 km. de Villa Futalaufquen, hay unas pinturas rupestres de los primeros pobladores de la zona, los mapuches, hoy en día protagonistas por asuntos más tristes. El tema da para escribir muchos libros, pero resumiendo: es el pueblo indígena de la zona, cuyas tierras fueron robadas y explotadas al crearse la nación argentina. Hoy en día se intenta conservar esta cultura, y estas pinturas rupestres son una muestra de que llevan viviendo en estas tierras desde hace 3000 años.

Pinturas rupestres mapuches
Pinturas rupestres

El jueves me di una buena caminata. Fui a visitar dos cascadas: Irigoyen y Usina, ambas muy bonitas, especialmente la segunda, que tiene tres pequeños saltos de agua que hacen que sea muy vistosa. A esta segunda me costó llegar, pues hay que superar un tramo de subida bastante duro, y encima yo, por querer hacerme el listo, intenté tomar un atajo que me llevó a una granja apartada donde un perro me dió las buenas tardes con muy malas pulgas. Media vuelta y 40 minutos perdidos. Pero al final llegué, que es lo que cuenta, jeje. Desde allí, caminando un poco más hacia arriba, se llega a la Laguna Larga, ya fuera del Parque Nacional, que según parece, es un buen lugar para la pesca deportiva (que aquí hay muchísima).

El viernes, mi último día en el Parque, tenía pensado tomar un bus hacia el norte y visitar el Lago Verde, la zona más emblemática del parque. Así que me levanté temprano, recogí el campamento y me fuí a informar. Me dijeron que a las 9:15 pasaba un bus, así que esperé y esperé... hasta las 10:30. Cuando me cansé de esperar volví al lugar donde recibí la información, y me dijeron que se habían confundido, que no había bus en todo el día hacia ninguna dirección. Ni a Esquel, donde tenía que regresar como muy tarde a la noche, ya que tenía billete desde allí a El Bolsón el sabado temprano...

Primavera en Los Alerces
Primavera en Los Alerces

Tuve un amago de ponerme nervioso y de mala hostia, pero eso de nada valía, así que me relajé y pensé en la única opción posible de llegar a Esquel: hacer autostop. Caminé 2 km. hasta un cruce, y debuté como "autoestopista". Ni en mis mejores sueños podría haber  salido mejor. Primer coche que pasó, y bingo. Un amable argentino de unos 50 años que regresaba solo hacia Esquel después de unos días de trabajo. Fue un viaje agradable de charla, y en menos de una hora me dejó casi a la puerta del albergue donde tenía el resto de mis cosas. Muchas gracias y hasta luego, señor, que le vaya todo muy bien.
Anochecer en Futalaufquen
Anochecer en Lago Futalaufquen